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    Hanz Ruiz: romperse para volver a empezar

    Después de once años recorriendo escenarios con Segonamà, Hanz Ruiz abre una nueva etapa artística en la que las guitarras recuperan el protagonismo y la vulnerabilidad se convierte en el centro de sus canciones. Con FRÁGIL, su primer álbum de larga duración, el músico barcelonés transforma una mudanza vital en un recorrido musical por los recuerdos, los miedos y la necesidad de reconstruirse.

    Hay momentos en los que toca hacer las maletas, mirar lo que queda atrás y decidir qué merece la pena llevarse a la siguiente etapa. No siempre es una mudanza física. A veces, el cambio sucede por dentro: revisar recuerdos, reconocer errores y aceptar que algunas cosas ya no encajan como antes.

    Esa es la imagen que atraviesa FRÁGIL, el primer álbum de Hanz Ruiz, publicado el 30 de octubre de 2026. Un disco que nace de una etapa de transformación personal y que convierte la vulnerabilidad en materia prima para construir canciones. Porque, para Hanz, romperse no significa rendirse: también puede ser el primer paso para volver a empezar.

    Volver a las guitarras para encontrar el camino

    Antes de emprender esta nueva etapa, Hanz Ruiz pasó once años formando parte de Segonamà, un proyecto con el que recorrió escenarios de distintos puntos del territorio y acumuló más de 250 conciertos. Una experiencia que le permitió aprender el oficio desde el directo, conocer la dinámica de una banda y entender lo que significa compartir música con el público.

    También hubo un recorrido anterior ligado a las versiones de canciones de grupos como Oasis y Green Day. Sin embargo, con el tiempo fue creciendo la necesidad de regresar a las guitarras, al ruido y a una forma de hacer música más cercana a sus propios referentes.

    Su identidad actual fue tomando forma durante la producción del álbum. En ese proceso volvió a conectar con los discos que le habían acompañado durante la adolescencia, pero también con sonidos más recientes. Green Day, Oasis, el rock argentino de Andrés Calamaro y Turf, el grunge y el indie nacional de Los Planetas y Australian Blonde forman parte de ese universo, al que se suman referencias actuales como Fontaines D.C. y Royel Otis.

    El resultado busca un equilibrio entre la energía del rock alternativo, las melodías cuidadas y una producción que incorpora texturas contemporáneas. La intención era recuperar la sensación de una banda tocando en un local de ensayo, con guitarras orgánicas y baterías con pegada, sin renunciar a un sonido conectado con el presente.

    Escribir desde lo que duele

    En FRÁGIL, las canciones no parten de una idea de personaje ni de la necesidad de aparentar algo. Nacen de experiencias, emociones y preguntas que Hanz necesita poner en orden. La música se convierte en ese espacio en el que, según explica, no puede mentirse.

    Muchas de las composiciones surgieron de una necesidad concreta: un nudo en el estómago, una frase que vuelve una y otra vez o algo que necesita salir. Algunas encontraron su forma durante un retiro de composición en una casa rural, lejos del ruido de la ciudad, probando ideas y dejando que las melodías fueran marcando el camino.

    Esa manera de escribir también tiene algo de ejercicio terapéutico. «Cristal», una de las canciones que abre el álbum, representa especialmente ese enfrentamiento con uno mismo: reconocer las propias caídas, mirar de frente al ego y aceptar que volver a equivocarse forma parte del camino.

    El disco recoge una etapa de cambios, entre el final de los veinte y la entrada en los treinta, en la que toca revisar expectativas y reconciliarse con la persona en la que uno se ha convertido. No hay intención de proyectar una imagen de invulnerabilidad. Al contrario: Hanz prefiere mostrar las costuras, reconocer los miedos y convertirlos en canciones.

    De Marengo a FRÁGIL

    Antes de llegar a este primer álbum, Hanz publicó en 2023 el EP Marengo, un paso que le permitió experimentar con sonidos y matices más pop y sintéticos. Aquella etapa le ayudó a perder el miedo a explorar, pero también a descubrir qué echaba de menos: la dinámica de una banda y la contundencia de las guitarras.

    «No te falta nada» fue una de las canciones que empezó a señalar el camino hacia el sonido que acabaría tomando forma en FRÁGIL. Después llegaron adelantos como «Frío», «Cosquilleo» y «Tu Mirada», que fueron mostrando distintas caras del proyecto.

    En «Frío», el dolor de una relación que termina se envuelve en una sonoridad luminosa, con ese aire de skate-rock de los años dos mil. «Cosquilleo», por su parte, recupera la adrenalina de volver a sentir mariposas y el vértigo de dejarse llevar. Dos canciones que miran hacia atrás en lo musical, pero que encuentran su sentido en emociones muy presentes.

    «Tu Mirada» abre otra perspectiva: empieza desde un lugar íntimo y va creciendo hasta convertirse en un estallido de indie rock. En ella aparece la necesidad de encontrar refugio frente al ruido exterior, una idea que conecta con la búsqueda de calma y autenticidad que recorre todo el álbum.

    FRÁGIL: abrir las cajas y mirar dentro

    La idea de la mudanza vital no se queda únicamente en las letras. También da forma al universo visual del disco. Cajas de cartón, cinta de precinto y etiquetas rojas con la palabra «FRÁGIL» construyen una imagen que representa el proceso de revisar lo vivido y decidir qué hacer con ello.

    Cada caja guarda recuerdos, etapas y partes de una identidad que no siempre resulta fácil ordenar. Desempaquetar significa volver a mirar lo que hay dentro, aceptar que algunas cosas han cambiado y construir una nueva versión de uno mismo.

    En lo musical, el álbum recupera el nervio del rock alternativo de los noventa y los dos mil, con guitarras contundentes y una base orgánica de banda, pero incorpora capas y texturas actuales. Esa combinación permite que convivan la crudeza de canciones como «Cristal» con los matices de otros temas del repertorio.

    El recorrido se completa con canciones como «Cuántas Veces», que se adentra en el bucle de una relación de idas y venidas; «Corazón», donde el desencanto da paso a la rabia; o «Llega el Final», que cierra el álbum desde la aceptación de que crecer también implica despedirse de algunas versiones de uno mismo.

    Publicado de manera autoeditada, FRÁGIL reúne diez canciones y funciona como una declaración de intenciones: no esconder las dudas, no disimular las heridas y entender que la fragilidad también puede ser una forma de fortaleza.

    Un proyecto colectivo con una voz propia

    Aunque el proyecto lleva su nombre, Hanz insiste en que el trabajo no se construye en solitario. La composición y la producción han sido un proceso compartido, en el que la confianza y la ausencia de egos han resultado fundamentales.

    Joel Llauradó ha tenido un papel importante en la búsqueda del equilibrio sonoro del álbum, ayudando a combinar la crudeza de las guitarras con texturas más actuales. También destaca la relación con Ignasi Mir, a quien conoce desde la infancia y con quien comparte una complicidad que, según cuenta, permite entenderse incluso sin necesidad de hablar.

    El universo visual también forma parte de esa construcción colectiva. La dirección de arte corre a cargo de Max Gener, con el concepto de Alba Ruiz y el estilismo de Xènia Soler. Una propuesta que acompaña la idea central del disco: mostrar las costuras, dejar a la vista lo que normalmente se intenta ocultar y tratar los recuerdos con el cuidado que merecen.

    El escenario como lugar de encuentro

    Si el estudio ha servido para ordenar emociones y dar forma a las canciones, el directo es para Hanz el lugar donde todo adquiere otra dimensión. Él mismo lo describe como «la trinchera»: el espacio en el que las composiciones abandonan las grabaciones y recuperan el músculo, la energía y la garra de una banda tocando frente al público.

    La presentación de FRÁGIL tendrá lugar el próximo 19 de febrero en la sala LAUT de Barcelona, una cita importante para llevar al escenario esta nueva etapa.

    El camino independiente, sin embargo, no está exento de dificultades. Hanz compagina su actividad musical con su trabajo como maestro en una escuela de primaria y asume también la gestión y la inversión que implica sacar adelante un proyecto propio. La falta de tiempo y la necesidad de multiplicar esfuerzos forman parte de esa realidad, aunque la libertad creativa sigue siendo una de sus grandes motivaciones.

    Su objetivo ahora es defender FRÁGIL en directo y llevar sus canciones al mayor número posible de salas y festivales. Pero hay algo más importante que las cifras o el recorrido: que esas canciones puedan acompañar a quien las escuche en sus propios cambios, servir de refugio en un momento complicado o convertirse en una forma de desahogo.

    Romperse también es una forma de empezar

    FRÁGIL no pretende ofrecer respuestas definitivas. Su propuesta es más sencilla y, quizá por eso, más cercana: aceptar que cambiar implica dejar cosas atrás, que no siempre tenemos todas las piezas en su sitio y que reconocerlo no nos hace más débiles.

    Hanz Ruiz ha convertido esa idea en diez canciones que miran a sus raíces musicales sin quedarse atrapadas en la nostalgia. Un primer álbum construido desde la honestidad, con guitarras al frente y una historia personal que encuentra su fuerza precisamente en aquello que no intenta esconder.

    Porque a veces, para volver a empezar, primero hay que abrir las cajas, mirar dentro y aceptar lo que somos. Incluso cuando llevamos una etiqueta que dice «FRÁGIL».

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